lunes, 27 de mayo de 2013

Los sinsabores del auténtico poeta














El 27 de junio de 2012 publiqué una entrada a este blog: http://alejandromorandini.blogspot.com.ar/2012/06/jesus-ramon-vera.html
en la cual daba cuenta del bajón y la impotencia que sentía al cumplirse el primer mes de la desaparición del poeta Jesús Ramón Vera.
Desde entonces se han sucedido diversos homenajes tanto en la ciudad capital de Salta, como en el interior de la Provincia.
Lo que no avanzó es la investigación de las causas de esa muerte. Se ha especulado mucho, los familiares no quieren una autopsia del cadáver, las autoridades pretenden olvidar todo rápidamente y como corolario, la Escuela de Artes, Roberto Maheasi, por la que había luchado el poeta, hoy casi es una realidad.
Todos felices, o se simula muy bien.
La Cocina de Gómez, colectivo artístico, ha editado la obra completa de Ramón, es un bello libro para quién quiera conservar la memoria literaria. Días pasados, preparando su presentación para televisión, marqué una serie de poemas que, de alguna manera, insinúan el trágico desenlace.
Aquí reúno esos poemas, en un corte absolutamente arbitrario a la obra del poeta comparsero.
En la incertidumbre, he querido leer en estos versos la crónica de su muerte anunciada.


El rompecabezas
Cayó de mis manos
hacia fuera.

En vano quise evitar el golpe.
En desorden
los restos se dispersaron
como si huyeran de sí mismos.

Desde que está en el piso
no puedo armarlo.

Su forma original ya es imposible.

Robo
Hicieron de
campana.

Se llevaron
lo que profundamente
amaba

el poeta.

Una temporada en el infierno
El fuego
quema
en el desfiladero
el fogonazo.

Las soledades
en patota
te derraman el ojo
que mira toda la úlcera
de reojo.

(Hasta los dientes naturales están postizos).

Espera la nocturna vía
que los vagones del adiós
te deshuesen
en el despedidero.

El viaje
Extravié
el bolso,
donde guardaba totalmente
las cosas.

Nos robaron los zapatos.
Pensábamos bañarnos
a la salida del río.

Pero también
me abandonaron los amigos.

Creía
que en la vida se entra     siempre
por adelante.

La ciudad luz de Rosario de la Frontera
Luego que el Loco Vivas,
su hermano,
y el loco Raúl
me desvalijaron mi casa
de villa 20 de febrero,
de Salta

varias veces
varias veces
como si fueran dueños de la sombra

como si yo me hubiese muerto
antes
ante un cajón con más sombras
al lado del río

como si nadie tuviese capacidad de
respuesta
al golpe
al desvalijamiento

al secuestro de cosas que no son de ellos
vine al
barrio
Cacho Iriarte
de Rosario de la Frontera
aquí
están mi padre
mi abuelo
viviendo enterrados

enterrados
bajo tierra
bajo tierra
bajo tierra

Es como si hubiesen atrapado
un cuerpo sin alma.

¡Por favor!

Ahora estoy
luego que tipos me desguazaron la
casa o la ex
pienso o siento que en el albor de
otro año
debo comer de nuevo
el veneno
que no quiso
mi corazón

cómo
cómo
dónde mi corazón
cuando los veo cantar conmigo en el
documental
ah!
cómo arde este corazón dormido,
cervezero,

En Los Sauces 4,
sueño
que tenemos un año menos
menos

Les regalo
la computadora

Escucharán
bob marley,
hendrix,
pink floyd,
pappo

Ahora
todos los árboles de navidad
y todos los cerezos
les arderán
la estupidez

Copiaron el método de los militares
del 76
la invasión
entrar en una casa
sola        indefensa
INDEFENSA

Estoy
bien
en Rosario de la Frontera,
gatos
de cuarta
los hice en la comparsa
y creyeron
que
la vida, la comparsa es gratis
LOS ESPERO
de nuevo.

No saben que las calles de ripio
son hermosas
en el barrio.

¿Cómo no pensaron que las plumas
blancas y negras costaron
la vida?

Jamás olviden
que los años pasan,

el latir inmenso
no se detiene.

Los espacios importantes
Un barrio sin tarcos donde pocos te abrazan.
Una provincia con montañas como tantas.

Un país de otro país.

Un planeta que no es el centro.
Un sol tan grandioso, dorado, pequeño.
Una Vía Láctea entre infinitos grupos de estrellas,
más inmensos, tal vez más bellos.

Y aún así recuerdo las violetas de un jardín
de pueblo,
que ya nadie riega.


domingo, 3 de marzo de 2013

La Guerra del Opio, según el poeta tucumano Carlos Marx























El miedo es el método. La noche
es  un método
un dispositivo americano
de estrellas sangrantes.

El lucro no cesa.

Quién sea consciente de esto
desde la más tierna edad
sabrá obtener y gobernar
los beneficios de nuestra era,
una provechosa physica
para la edad delicada.
La Compañía de la India Oriental,
lo sabía. Muchos hombres trabajaban para ella.
Tenían un bello slogan:
Now, the dream of men and billions.

Aunque por mucho aburran
sus clases medias, el león de tercipelo
cosechó odio y amapolas.
Luego se refugió en su corte.

En el negocio el despojado lucirá feliz.
Es la esencia de la navegabilidad
de los ríos interiores.

¿Cuánto cuesta el río?
This riverside, how much?
¿Cuál es el valor del río?
Del río su peso en plata,
su velocidad en cueros.

El oro en el centro de la velocidad
de la civilización del cuero.

El poeta Álvaro Cormenzana,
vestido con su camisa de luces
ha sabido explicar muy bien
esta metáfora alzando
una hebra de pasto fluorescente
en su discusión con Mansilla
por la influencia de los alfalfares
en las letras nacionales.
Pero sigamos,
que no hay leyes absolutas
que defiendan la existencia de los pueblos
así ese pueblo sea un pueblito
como Maimará.

Las muchas formas de explotación
producen otras tantas formas de resistencia.

El opio de la India
que vendían en China
era la comercialización continua
de ese extraño verbo
que goza y muere
en el cuerpo.

Según Montgomery Martin
comerciar seres humanos
resulta más provechoso
para el alma
que traficar drogas
después de todo a un negro, decía,
lo queremos para que reditúe
y de ganancias.
Solía jactarse en el café
tomándose un brandy.
No envilecemos a los negros, decía,
mirando a su alrededor
despaciosamente
y con fría calma
saboreando el trago:
No corrompemos lo suficiente
su mente pero el vendedor de droga
mata el cuerpo, ese templo,
luego de arrastrarlo a la infelicidad 
de los pecadores
alimentando las fauces de Moloch,
altar del asesino británico
y el suicida chino,
que recibe
las ofrendas rituales
sin decir nada.

Montgomery Martin
se acariciaba el bigote
con satisfacción,
era el último artista
que transmitía en directo las noticias
de paz y prosperidad imperial.

La película porno del Imperio
que podría llamarse aquí
Los Miembros Informantes

Así, toda la tristeza escondida
a lo largo de la Larga Marcha,
de su avenida infinita y victoriosa,
absurdamente condenada
por su falta de claridad. Yo me pregunto:
¿Qué es marchar en la oscuridad?

¿Cuál es el problema?

UNO: Los chinos no pueden ser
a un tiempo consumidores
y adictos sin embargo
al aumentar el consumo de drogas
se alza la demanda global de mercancías.
Un círculo vicioso donde
despliegan su tienda.

DOS: Los chinos no paran
de consumir drogas,
lo admiten en todas partes.

TRES: Los portugueses trajeron
a China desde el Turquestán
el opio y cuerdas para laúd,
fueron sus únicos importadores
con licencia exclusiva
de los doscientos cajones
de novecientos kilos c/u
que consumía la nación más
poblada del mundo para
uso medicinal.
En mil setecientos setenta y tres
el coronel Watson y el vicepresidente Wheleer,
sugirieron a la Compañía de la India Oriental
la idea de emprender el tráfico de opio a China.
En mil setecientos noventa y ocho
La Compañía dejo de explotar
directamente el opio para
elaborar la droga en India 
y contratar y dar licencias 
a barcos privados
para que trafiquen 
exclusivamente lo elaborado 
por ellos mismos.
Escrupulosos, los buques de la Compañía
no permitían el transporte de estupefacientes
para uso privado entre sus pasajeros.

Las rubias morían de aburrimiento
viendo pasar las grullas
de cara a un nuevo romance
bajo la diáfana alucinación en el boyar 
de la abstinencia.

Se duraba poco en esa situación.

El Emperador que desde el siglo
diecisiete hasta el siglo diecinueve 
se demoró en firmar el decreto 
prohibiendo el consumo
y permitió con ese noble gesto
que miles de chinos fueran ejecutados 
como perros, echados de los fumaderos,
reventados de un balazo en la cabeza,
de estar nomás y sin enterarse de nada;
mientras por la puerta que da al callejón
dealers y policías
arreglaban sus intereses.

La firma del segundo decreto 
prohibiendo el tráfico
llegó demasiado tarde o no.
Cosa de civilizaciones pesadas.

Mientras los bárbaros
defiendan el principio de moralidad
los civilizados opondrán el principio de lucro.
Esto es lastimosamente cierto.

Un Imperio en donde vive
un tercio de la raza humana
y que vegeta a despecho de la época
aislado en un apartamiento forzoso
del comercio general,
dispuesto a echarse al monte
y engañarse con ilusiones
de perfección celestial
                                     digo
Un Imperio alcanzado
por la mano muerta del destino
y el polvo que cubre las cosas
y llevado al duelo donde esgrime 
razones éticas frente 
a la abrumadora sociedad moderna
que defiende su sangriento derecho 
a comprar en los mercados baratos 
y vender en los más caros
                                          digo
que ciertamente vive
en una copla trágica
                            extraña
que poeta alguno
haya atrevido imaginar.


Escrito el treinta y uno de agosto
de mil novecientos setenta y tres
en la Ciudad de Concepción
Provincia del Tucumán

“para que la ceniza
no ocupe demasiado lugar”.



martes, 5 de febrero de 2013

Una visión en el campamento al alba gris y confusa

(Versión de 
A sight in camp in the daybreak gray and dim,
de Walt Whitman)

para @aileenelkadi


Una visión en el campamento al alba gris y confusa;
Al salir desvelado de la carpa,
Caminando lentamente en medio del aire fresco por la senda que
pasa junto al hospital de campaña,/
Veo tres formas que yacen sobre camillas; dejadas ahí, 
Abandonadas al descuido./
Sobre cada una han echado una amplia manta de lana parda,
Una manta gris y pesada que los cubre por entero.

Me quedo de pie contemplando en silencio, curioso;
Luego con leves dedos quito la manta del rostro más cercano;
¿Quién eres anciano, tan demacrado y taciturno, ceniciento,
de carnosas ojeras alrededor de tus ojos?/
¿Quién eres querido camarada?

Luego voy hacia el segundo. ¿Y tú, quién eres, querido niño?
¿Quién eres, dulce muchacho de mejillas aún encendidas?

Luego, el tercero: una cara ni niña ni vieja, serena,
parece hecha de un hermoso marfil blanco amarillento;/
Amigo, creo conocerte. Creo que es el rostro del Cristo, propiamente;
Muerto divino, hermano de todos; aquí, nuevamente yaces.
















A sight in camp in the daybreak gray and dim,
As from my tent I emerge so early sleepless,
As slow I walk in the cool fresh air the path near by the hospital tent,
Three forms I see on stretchers lying, brought out there untended lying,
Over each the blanket spread, ample brownish woolen blanket,
Gray and heavy blanket, folding, covering all.

Curious I halt and silent stand,
Then with light fingers I from the face of the nearest the first
just lift the blanket;
Who are you elderly man so gaunt and grim, with well-gray'd hair,
and flesh all sunken about the eyes?
Who are you my dear comrade?

Then to the second I step--and who are you my child and darling?
Who are you sweet boy with cheeks yet blooming?
Then to the third--a face nor child nor old, very calm, as of 
beautiful yellow-white ivory; 
Young man I think I know you--I think this face is the face of the 
Christ himself,
Dead and divine and brother of all, and here again he lies.





domingo, 3 de febrero de 2013

Visión del artillero

Versión de The Artilleryman’s Vision, de Walt Whitman

para @gguerber


Mientras mi esposa duerme junto a mí, cuando han acabado las guerras,
Y mi cabeza sobre una almohada hace tiempo que descansa en el hogar, y la medianoche vacía sucede,/
Y en la quietud, a través de la oscuridad, oigo, apenas oigo, respirar al niño;
Allí en mi habitación, en el desvelado sueño una visión me oprime;
El irreal combate comienza en la fantasía,
Empiezan los escaramuzas. Se arrastran, avanzan  cautamente. Oigo disparos intermitentes,
Oigo diversos disparos, el zumbido corto fiú! fiú! de las balas del rifle,
Veo explotar las granadas, que dejan una pequeña nube blanca, oigo el quejido del mortero
al pasar,/
La ráfaga de metralla castiga como un viento atravesando el bosque,
(ahora la batalla arrecia, tumultuosa);
Una y otra vez todas las escenas y poses en las baterías se me presentan en detalle,
El estruendo y el humo, los hombres orgullosos junto a sus piezas,
El jefe de artilleros escoge la mecha apropiada, prepara y apunta,
Después del disparo lo veo hacerse a un lado, ansioso por ver sus efectos;
Desde algún lugar me llega el grito de un regimiento cargando. (Esta vez el joven coronel
los encabeza blandiendo la espada),
Veo los claros abiertos por las descargas enemigas (que son cubiertos sin demora),
Respiro el humo sofocante, después una espesa neblina
oculta todo;/
Ahora una extraña pausa, por unos segundos ningún bando dispara;
Después reinicia el caos, más confuso que nunca, con oficiales ansiosos que  
vociferan ordenes,/
Mientras desde la lejanía el viento trae aplausos y ovaciones, (algún suceso especial),
Y siempre el sonido de los cañones cerca o lejos, (que aún en sueños provoca una diabólica exaltación y despierta mi vieja y demente alegría),
Y siempre el apuro de la infantería con la escuadra cambiando de posición; la caballería
se mueve de acá para allá,/
(Los que caen y mueren no son objeto de mi atención, ni los heridos bañados en sangre, algunos cojean hasta la retaguardia);/
Cenizas, desconcierto; la temeridad  de los edecanes que pasan al trote o galopando
Entre detonaciones de armas cortas y la advertencia que lleva el ssst de los rifles
(es lo que en mi visión escucho y veo),
Obuses que revientan en el aire, y por las noches son cohetes multicolores.















While my wife at my side lies slumbering, and the wars are over long,
And my head on the pillow rests at home, and the vacant midnight passes,
And through the stillness, through the dark, I hear, just hear, the
breath of my infant,
There in the room as I wake from sleep this vision presses upon me;
The engagement opens there and then in fantasy unreal,
The skirmishers begin, they crawl cautiously ahead, I hear the
irregular snap! snap!
I hear the sounds of the different missiles, the short t-h-t! t-h-t!
of the rifle-balls,
I see the shells exploding leaving small white clouds, I hear the
great shells shrieking as they pass,
The grape like the hum and whirr of wind through the trees,
(tumultuous now the contest rages,)
All the scenes at the batteries rise in detail before me again,
The crashing and smoking, the pride of the men in their pieces,
The chief-gunner ranges and sights his piece and selects a fuse of
the right time,
After firing I see him lean aside and look eagerly off to note the effect;
Elsewhere I hear the cry of a regiment charging, (the young colonel
leads himself this time with brandish'd sword,)
I see the gaps cut by the enemy's volleys, (quickly fill'd up, no delay,)
I breathe the suffocating smoke, then the flat clouds hover low
concealing all;
Now a strange lull for a few seconds, not a shot fired on either side,
Then resumed the chaos louder than ever, with eager calls and
orders of officers,
While from some distant part of the field the wind wafts to my ears
a shout of applause, (some special success,)
And ever the sound of the cannon far or near, (rousing even in
dreams a devilish exultation and all the old mad joy in the
depths of my soul,)
And ever the hastening of infantry shifting positions, batteries,
cavalry, moving hither and thither,
(The falling, dying, I heed not, the wounded dripping and red
heed not, some to the rear are hobbling,)
Grime, heat, rush, aide-de-camps galloping by or on a full run,
With the patter of small arms, the warning s-s-t of the rifles,
(these in my vision I hear or see,)
And bombs bursting in air, and at night the vari-color'd rockets.







lunes, 10 de diciembre de 2012

León Felipe en Salta o apuntes sobre la Libertad




























“Cuando leo la biografía de un personaje famoso
me pregunto sorprendido: 
Pero ¿a esto llama el autor la vida de un hombre?
¿Y así escribirán la mía cuando me muera?
(¡Como si alguien supiera algo de mi!)
¡Yo mismo sé tan poco de mi vida!
Sólo algunos destellos…
fugas inesperadas
que persigo afanosamente…”.  Walt Whitman

En un mundo gobernado por las apariencias el poeta puede tener gestos recios. Con absoluto dominio de sí y en pleno ejercicio de la poesía, el poeta puede reducir la realidad a un movimiento y afirmar con soberbia un recurso de la lengua para dar por concluida su creación. Como si todo fuera una cuestión de actuar para las expectativas ajenas. Así entendí a León Felipe, cuando leí sus poemas en libros que guardé en un estante hace años y que llamé “los americanos”, (Whitman, Neruda, Lorca, Felipe, Ginsberg, Castilla, Cardenal, Blas de Otero, Vallejo, Machado y Hernández). Entiendo que sus afirmaciones severas y en ocasiones, reiterativas, lucen por su improcedencia: “El día que los pueblos sean libres/la política será una canción”, sería el ejemplo más notorio de estas aseveraciones instintivas e inútiles. Estos versos puestos en el prólogo a su versión de El canto a mi mismo, han sido repetidos en los escenarios folclóricos y en las aulas como un principio de fe. La confianza depositada en la consigna hace que la misma resuene tan clara que haga inútil todo análisis. Recubre una complejidad que ubica a la política en el lugar del mal; se la repite con convicción, liberado del mal el hombre recobraría su estado de gracia natural. Aunque sabemos que carente de política el hombre apenas sobreviviría como un ilustre mamífero, aplaudimos el simpático lema. La imposible Libertad aflige al poeta cuando convierte el dolor de su ausencia en canto; enjuaga lágrimas, redime al Hombre. El poeta ejecuta acciones todas exageradamente espontáneas pero curiosamente necesarias.














Al publicano le toco hablar cuando ya toda España había hablado y cuando las cosas españolas humeaban todavía, calcinadas, por que también ellas habían hablado. Entonces la voz de Felipe tronó; se le llamó poeta prometeico y se lo escuchó en los barcos que regresaban a la América. En España dejó una insignia clavada en la lengua para dar batalla en la memoria. Su palabra se musitó como pan en la ansiedad de las bodegas.

¿Porque habéis dicho todos
que en España hay dos bandos,
si aquí no hay más que polvos?

Pero el lenguaje no puede abarcar esa instancia de desgarro, o sí, pero nunca será el propio dolor; en esos menesteres el poeta se expresará cantando: un artificio que se completa en el oído de sus lectores. Hay un pacto originario que sostiene todas estas imposturas entre el poeta y su público, asociados ambos por necesidades intercambiables. Sólo una confianza ciega en la existencia y en los sentidos del otro puede procurarle al lector una precaria sensación de Libertad.
El misterio de la Libertad se aposenta entre el rumiar constante de la naturaleza y la ligazón vital con el otro, (es la evanescente Libertad para la Liberación la que se presiente tras los versos del poeta). Quizás el Marqués de Sade pudo concebir una literatura semejante en intención, al proclamar una Libertad Instrumental concebida exclusivamente para el goce. Los hombres han sido crueles con Sade, de alguna forma se las han arreglado para que su nombre viva en el fondo de una prisión, así como condenaron a la intemperie de los escenarios los versos del poeta Felipe. Ambos, siempre solos, bajo los spots o en la sombra están como esperando el futuro… pero no podemos disgregar más en equívocas disquisiciones, que siendo literarias, nos obligan a trazar vanas estrategias, falsas conmiseraciones y arriesgados cálculos en la conquista de territorios inexistentes.


Firme, erguido, sereno,
con la lengua en silencio,
los ojos en sus cuencas
y en su lugar los huesos.

Ya eran las ocho de la noche del viernes 27 de febrero de 1948, cuando el poeta León Felipe, cruzó el salón del Hotel Salta ovacionado por un público que lo recibió de pie. La demora había mantenido la  expectativa entre los salteños. El poeta venía de un largo y accidentado viaje, la ciudad norteña le serviría por unos días de descanso a la vera del infinito camino. Atrás quedaban Chile, Buenos Aires, las provincias argentinas, y más atrás aún Colombia, Venezuela, Brasil y más aún México, Panamá y la Guerra, todas sus guerras. Había titulado a su exposición, ¿Quién soy yo? Fue presentado por Francisco Álvarez Leguizamón, siempre según la prensa, quién se dirigió al auditorio con frases acertadas acerca de la misión y personalidad de León Felipe. La reunión había sido gestionada por la asociación “Amigos del Arte”. Ante un salón colmado, el poeta se explayó sobre su vida, el canto, la realidad que le toco transitar y de su fe en la poesía, (Álvarez, treinta años después, recordará una frase en su Clave de Libertad: “la religión es una gran poesía, la biblia el romancero de los pueblos antiguos”, así como suya es la afirmación de que los pueblos se acercan unos a otros por sus poetas).  
Felipe habló del camino elegido, recitó versos propios y ajenos; no cuesta imaginarlo años después en el D.F. conversando con un joven médico argentino de zapatos gastados, en algún bar de Insurgentes, proveyendo poemas y nombres de anarquistas.
Los archivos periodísticos anuncian y reseñan su presentación en el Teatro Alberdi, y una reunión social ocurrida el lunes 1º, en “La Madrileña”. Los periódicos también reproducen una carta enviada hacia fines de marzo por un corresponsal de su público jujeño.
De aquellos días se recuerda muy poco, como ese afán de ilustrado salteño que presume de recuerdos que no conservan nada. Existe la anécdota que refiere a Felipe esperando al “Cuchi” Leguizamón,  en las escalinatas de la Catedral; ante la demora del músico en acudir a la cita, el poeta atinó preguntar a un vacilante Raúl Aráoz: “¿No habéis visto a ese a quién vosotros llamáis, El Cerdo?”. También se recuerda que el doctor Austerlitz invitó a un almuerzo con artistas locales en una quinta ubicada en la Recta de Cánepa. Alguna anécdota más y una foto que nadie encuentra, cierran su aventura salteña.
El encuentro en el Teatro Alberdi sería sin dudas la presentación que quedará para la posteridad;  la lectura en el Hotel no había dejado de ser una presentación para socios, familiares, invitados y amigos de la entidad promotora. En la presentación del domingo se encontraría con Juan Carlos Dávalos, y el público grande salteño; sabría de un joven Manuel Castilla en viaje, recorriendo Perú, Bolivia, (o quizás no lo supo y jamás imaginó el encuentro, ¿por qué debían encontrarse?), imposible de recobrar los pensamientos siquiera lo de las tardes fumando en la habitación del hotel bajo las lentas aspas del ventilador.
Las crónicas de El Intransigente refieren que aquella mañana de domingo el Teatro Alberdi desbordaba y que el poeta León Felipe fue introducido a la multitud por el doctor Gustavo Leguizamón, con estas palabras:
“Me han conferido el honor de presentarles al grande León Felipe. Allí está.
Le ha traído el viento y es el propietario de la canción y el salmo. Es más americano que nosotros, porque conoce nuestra historia grande.
Desde su verbo, se elevan la canción total del hombre y la idea del Dios imprescindible. Va por el mundo vertical, definitivo, desnudo y ha construido ya todas las retóricas. El ritmo de su sangre ha inaugurado su poética, nacida para la recuperación de los valores permanentes.
No sabe quién es ni a dónde va. Su ruta es una estela de ademanes y profecías. Su rumbo, el destino del hombre.
Así ha transitado los caminos, contando su historia a los hombres, los pájaros y los árboles. Lleva una nueva dimensión en su palabra, porque conoce la medida del hombre.
El viento que hoy le ha traído a este proscenio es el mismo que lleva su palabra sobre la inmensidad de América adolescente, fecundada por gracia de la historia poética con la mejor semilla del destino. Con ustedes el hombre. Allí tenéis al poeta”.

El hijo del notario de Tábara, nacido en 1884, boticario de profesión, abrazó en la temprana juventud un destino de poeta. Recorrió la España reseca de principios del siglo XX como artista ambulante. Dicen que en Madrid vivió una bohemia prostibularia; durmió con los mendigos en los lupanares con la cabeza apoyada en las sogas que ponían de noche y quitaban de las bancas en la madrugada. Recibió limosnas; estuvo cuatro años preso por estafas y cuando salió de prisión escribió su primer libro, Versos y caminos del caminante; en 1919 leyó ese libro en el Ateneo de Madrid y después se embarcó a Nueva Guinea, donde vivió tres años en los hospitales coloniales de las islas del estuario del río Muni. Volvió a Europa para dirigirse raudamente a América. En México se dedicó a la enseñanza de la literatura española y en Veracruz trabajó como bibliotecario. Fue agregado cultural en la embajada de la España Republicana; allí conoció a Berta Gamboa, con quién contrajo matrimonio y se radicó en Estados Unidos. En su estancia universitaria comenzó las traducciones a Waldo Frank y Walt Whitman. Volvió a España en 1931 y 1934. Publicó en Norteamérica su poema Drop a Star; a comienzos de la Guerra Civil se trasladó a Madrid; se despidió de América con el artículo Goodbye, Panamá, donde anuncia la necesidad de enfrentarse a los enemigos de la República en todos los terrenos. Pasa sus días de guerra entre Madrid, Valencia y Barcelona. Cuando cae Málaga, compone su poema Insignia. Cuando finalmente cae la República, se exilia en Francia y luego pasa a La Habana; en el viaje compone sus libros, El payaso de las bofetadas y Pescador de caña. Se radicó nuevamente en México junto a los emigrados españoles. Son los años en que compone El gran responsable; El hacha; Español del éxodo y del llanto; Parábola y Poesía; Ganarás la luz, y da a conocer su paráfrasis al Canto a mi mismo. Entre 1946 y 1948 viaja por América del Sur; es a comienzos de ese último año que llega a Salta. El poemario salteño Copajira, de 1949 abre bajo su invocación libertaria.

El lunes 1 de marzo de 1948, El Intransigente publicó una reseña de Juan Carlos Dávalos, a propósito de la presentación del poeta en el teatro:
“El público que llenaba literalmente ayer a las once la sala del Alberdi escuchó con el alma en vilo la magnifica disertación que el poeta León Felipe leyó en unas páginas que, contra lo que suele ocurrir cuando se  lee desde el primer momento dieron a los oyentes la impresión de que se hallaban ante un maestro de la elocución y el pensamientos modernos... poeta no oficial, ni político, ni retórico, ni utilitarista, sino de inspiración profética, optimista, y humanista… el escritor trazó con fervor el gigantesco retrato de Walt Whitman, genial apóstol norteamericano del hombre del futuro… el primero que creyó… en la redención de la humanidad por obra del amor y no por el odio, por influencia de la fraternidad democrática y no por la brutalidad de la fuerza al servicio de los déspotas… En nuestra humilde opinión se equivocan los que atribuyen al poeta español León Felipe, el estar influenciado en su credo lírico por las ideas anticatólicas y antireligiosas de Federico Nietzsche, el inventor del superhombre; como si el alto pensamiento español renacentista no hubiera tenido representantes tan dignos de formar escuela  como Vives y Ganivet, como Galdós y Unamuno, como Cervantes y Quevedo. La voz de León Felipe, grande y altruista como el espíritu ecuménico de España, proviene pues, de su jerarquía, su cordialidad y su poder expansivo: es hoy una voz contemporánea de la energía atómica: pero no de una violencia anárquica y desaforada… sino de un encendido y poderoso fervor y confianza en la ingénita bondad del hombre común… un llamamiento cálido a los mejores sentimientos de la recua doliente; y se dirige no a los dogmáticos y poderosos, sino a los humildes, que son los más en este pícaro mundo, y por eso merecen desde hace siglos, el desvelo incansable de los sabios y de los generosos… Expuso el orador en abundante y lírico lenguaje unas ideas acerca del terror a la muerte, que domina a los hombres, y que como sabemos, es la fuente de muchas creencias falaces e inconsistentes… No decayó, en resumen, ni por un instante el interés filosófico de la conferencia, ni menos su majestuosa elocuencia lírica, pocas veces, hasta hoy, superada en nuestros medios intelectuales; por lo cual los auspiciantes de este acto cultural merecen también un aplauso”.




















Sin la fortuna que dan las circunstancias políticas o la atención de la crítica, Felipe hizo poesía con voz elocuente, combativa. Su obra debió convivir junto a la de la fabulosa Generación del 27, y con los resabios de la del 98 y debió ser el primer escritor en incomodarse ante esa forma de acoso que son las determinantes generacionales y la casuística de las cronologías; tuvo el mérito de no pertenecer a ningún grupo y de no formar parte de la cultura oficial de su tiempo. Su adhesión a La República, tanto como su carácter lo alejaron de las posturas estéticas que se desarrollaron en la península ibérica gobernada por el franquismo. Su grito fue acunado en América. Juan Ramón Jiménez, alcanzó a decir de él, que quizás era “el mejor de los poetas menores”; Dámaso Alonso no le dedica ni una sola línea en su célebre Poetas Españoles Contemporáneos. Una omisión deliberada, pensada para ocultar una estética perpendicular a la geometría trazada en los cenáculos. Su obra poética, su mística invocación a la política, no sedujo a los pares;  buscó al hombre común, lo editó Lozada. Octavio Paz respondió a la prensa alguna vez, diciendo que “Ganarás la Luz, es un buen libro pero no es poesía”. Al profeta había que ofenderlo y dejarlo solo. Felipe desarrolló palabra y acción en una dirección, y eso lo alejó de cualquier observación que pudiera realizarse sobre el estado del arte.
Con entusiasmo de hondero lanzó su palabra como una piedra que atraviesa luchas fratricidas bajo un cielo de mercaderes y bufones. Sus amigos lo tuvieron más presente que los exégetas literarios. Fue acogido y adorado en el destierro. Su piedra de sal perdura esparcida en el cancionero americano. En España, fue tratado como un poeta de segunda categoría; sin discípulos, elegíaco y sin audiencia, en la Vieja Europa se lo olvidó rápidamente. Arraigó en América; aquí se lo leyó y se editaron sus obras completas; por su mano se divulgó a Whitman, más aún que por mano de Martí o de Borges. Llegó en una particular hora continental; se lo tuvo por un Quijote, aunque prefirió reconocerse más en Rocinante que en el héroe barbado. “Mi oficio es este de escuchar latidos y temblores: de hombres, pueblos y estrellas”. Con él, el español grita, susurra, mata y también cree en un dios.
Su voz quizás no estuvo hecha para el canto, sino para el grito, quizás lo supo y se impuso una sola empresa: “vencer ese perro negro de la injusticia. Porque mientras él esté allí, tumbado en la luz, todos los poemas del mundo tendrán una verruga violácea en la frente”. Esa es la función que entendió debía cumplir como artista. “Esta es mi estética, vieja y perdurable aún. Vieja porque fue escrita antes de la tragedia actual del mundo, y perdurable porque dentro de las tinieblas de esta tragedia me sigue pareciendo la única: la estética de un barco perdido entre la niebla. Hoy más que nunca es para mí la poesía fuego organizado, señal, llamada y llamarada de naufragio. Todo buen combustible es material poético excelente.”

De las muchas paráfrasis o reinterpretaciones que hiciera del inglés, lo más memorable será su versión del Canto a mi mismo. Tal como Whitman, la suya también es una poesía luego de una larga meditación populista. Su aliento y actitud profética lo definen como el poeta de la lengua española sobre el cual el bardo yanky ejerció una lejana aunque no por eso menos efectiva influencia. Místico, hace del poeta un visionario, tal como lo concibió Emerson. Desarraigado, su voz se lanza a una serie de identificaciones con todo lo que le rodea; forma parte natural del coro poético americano; encarna una voluntad anticipatoria, se nos aparece casi siempre posicionado a la vanguardia de un ambicioso movimiento enamorado de experiencias. Declarativo, la poca distancia con las cosas y acontecimientos colocan en ocasiones a Felipe en un papel de clown, recorriendo las fogatas tristes de las brigadas internacionales. La empresa estética también es empresa moral para el poeta errante. Tiene de nietzschiano la creación de una vejez lo suficientemente nueva como para procurarse una eterna juventud maldita. En sus últimos libros, el poeta ya no es la anunciación política, apenas es un oscuro idealista añorando la revuelta incierta de las cosas.

Hacen falta estrellas, sí, muchas estrellas
pero de sangre

De la conciencia poética de Salta, seguramente el mayor afectado por el paso del poeta León Felipe fuera Francisco Álvarez[i], no tanto en el arte de la poesía que no cultivó, (aunque se conocen versos y traducciones), como en la práctica de un humanismo optimista y anticlerical que ejerció inspirado. Podemos advertir en su único libro, que consideró a la Soledad como causa y fin de la Libertad. Que entendió al Amor y al Arte como antídotos contra la Soledad. Observó a la Soledad como un espacio hacia donde se dirige, silenciosa, la Libertad. Si nada la ata, nadie la llama y no se sale al encuentro de nada, esa Libertad Inútil se seca y acaba degradándose con la Naturaleza en una serie de gestos huecos. Considera que la Libertad asume un rol creador cuando conscientemente busca la Belleza. También nos sugiere que la elección por una libertad narcisista e impecable, es un experimento moral que puede durar toda una vida pero que no dejará de ser una locura. Y defiende a la Libertad como vehículo del deseo que puede sostenerse tanto en la acción como en la pasible sensualidad. Vio en la escena final de la muerte de Sócrates, en el gesto de no retractarse, una acción estética ejemplar ejercida con conocimiento en la finitud de los goces.
Y esto es cuanto puedo decir de León Felipe en Salta.






[i] Es por Pedro González,editor del periódico salteño CLAVES, que conocí la primera versión de la muerte de su amigo. Alguna vez recordó para mí, cómo le llegó la noticia del crimen: acompañaba a un Gobernador en el palco, cuando el Jefe de Policía se acercó por detrás al mandatario y le comunicó en susurros, como si transmitiera una intimidad, lo sucedido. El desfile no se suspendió. La última imagen que tengo de la historia que me han referido, es un fugaz fotograma que pasa por mi mente:
es la Belleza, sola en la súbita noche.
A veces, Pedro me dice:- Mirá, te traje esto para que leas. Y me alcanza las fotocopias de una paráfrasis que León Felipe publicó de Macbeth. -Leé el final, me dice, y recita de memoria: -“Un cuento sin sentido es la vida, un cuento contado por un idiota, lleno de cólera y estrépito”. Y una vez más, antes de tomar otro vaso, me señala con humor: -Nosotros sabemos que ese idiota está lleno de ruido y de furia, pero por Faulkner, no por el castellano que usa Felipe. Nos reímos y bebemos en silencio antes que llegue la tarde o se siente algún muerto en la mesa. Me levanto, saludo a don Pedro, y salgo del bar. Vuelvo caminando a mi casa, imagino brujas trepadas a la inocencia de los techos, murmurando:
“Todo lo bello es feo, todo lo feo es bello”.



esta nota se editó originalmente en el periódico cultural CLAVES, 
en octubre de 2012. 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

work in progress

El pasado miércoles 12 de septiembre, el fotógrafo Víctor Notarfrancesco, realizó las tomas para la tapa de El Oficio del Árbol. Llolanda Preti, conservaba el retrato elegido, y gentilmente nos recibió en su departamento para capturar su imagen.
A continuación reproduzco, fotos y videos de la tarde que compartimos en Salta.
El libro con la obra periodística de Manuel J. Castilla, estará listo en los primeros días de diciembre; el óleo es una obra poco conocida del artista plástico Luis Preti, y fue realizada algunos meses antes de la muerte del poeta.
































un abrazo largo a los amigos salteños
que generosamente colaboraron con la realización del libro!